8 de octubre de 2010

Metástasis del comienzo del fin...

"… Luego volvió a bajar los ojos.
-El sur de la frontera, el oeste del sol –dijo.
-¿Qué es eso de «el oeste del sol»?
-Existe de verdad –dijo-. ¿No has oído hablar de la histeria siberiana?
-No.
-Lo leí en alguna parte hace tiempo. Creo que cuando iba al instituto. No logro recordar dónde, pero, en fin, era una enfermedad que sufrían los campesinos de Siberia. Imagínatelo: eres un campesino y vives solo en los páramos de Siberia. Trabajas la tierra un día tras otro. A tu alrededor, hasta donde alcanza la vista, no hay nada. El horizonte al norte; el horizonte al este; el horizonte al sur; el horizonte al oeste. Nada más. Todos los días, cuando el sol sube por el este, vas al campo a trabajar. Cuando alcanza el cénit, descansas y comes. Cuando se oculta tras el horizonte, al oeste, vuelves a casa y duermes.
-Una vida muy distinta a la de llevar un bar en Aoyama.
-Sí –dijo ella sonriendo. Y ladeó un poco la cabeza-. Muy distinta. Y eso, día tras día, año tras año.
-Pero, en Siberia, en invierno, no se pueden cultivar los campos.
-No, claro –dijo Shimamoto-. Durante el invierno te quedas en casa trabajando en cosas que puedas hacer en el interior. Y, al llegar la primavera, vuelves a salir al campo. Tú eres ese campesino. Imagínatelo.
-De acuerdo.
-Y entonces, un día, algo muere dentro de ti.
-¿Algo muere? ¿El qué?
Ella negó con la cabeza.
-No lo sé. Algo. A fuerza de mirar, día tras día, cómo el sol se eleva por el este, cruza el cielo y se hunde por el oeste, algo, dentro de ti, se quiebra y muere. Y tú arrojas el arado al suelo y, con la mente en blanco, emprendes el camino hacia el oeste. Hacia el oeste del sol. Y sigues andando como un poseso, día tras día, sin comer ni beber, hasta que te derrumbas y mueres. Esto es lo que se llama histeria siberiana.
Intenté representarme la imagen de un campesino siberiano caído de bruces en el suelo, agonizando.
-¿Qué hay al oeste del sol? –pregunté.
Ella volvió a negar con lo cabeza.
-No lo sé. Tal vez no haya nada. O tal vez sí. En todo caso, es un lugar distinto al que está al sur de la frontera.…"

Al sur de la frontera, al oeste del Sol, de Haruki Murakami.

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