15 de septiembre de 2010

MIradas...


A veces es imposible detenerse un poco más de la cuenta y poder mirar las cosas de manera distinta a lo que uno usualmente lo hace. La rapidez (salvaje) de la vida cotidiana actual genera una mirada crispada, instantánea, que es probable que no refleje aquello que mira. La mirada urbana tiene el condimento de lo efímero, de lo retráctil, de lo lábil; y por otro lado, tiene el tempo del latido del corazón agitado, de la velocidad como agente de liberación de hormonas, de la prisa por la prisa misma.

La mirada nuestra es esa síntesis entre aquello que anhelamos ver y lo que nos muestra la realidad; es un instante minúsculo que puede contener las cosas que descartamos, las cosas que buscamos con ardor, lo que transformamos en pena o en gozo. La manera de mirar y de mirarnos es la clave de nuestra propia historia y de nuestros propios aciertos y errores.

Impiadosa o cándida, temerosa u honesta, la mirada es el más directo reflejo de nuestra manera de entender el mundo y de hacerlo nuestra casa.

No hay comentarios: