29 de marzo de 2010


Pero dime, si puedes... ¿Qué haces, allí, sentado, entre seres ficticios, que en vez de carne y hueso, tienen letras, acentos, consonantes, vocales?
¿Te halaga, te divierte que te miren, se acerquen... Y den vueltas y vueltas, antes de permitirles echarse, como un perro, en tus páginas yertas?
Podrá tu pasatiempo ser harto inofensivo; pero alguien que posee los dientes más prolijos, más agrios que los míos, al elegir la víscera que ha de roerte un día —si es que ya no se aloja en una de tus venas—, torna estéril y absurdo ese fútil designio de escamotear la vida.


De Persuación de los días. Oliverio Girondo. 1942

No hay comentarios: